en un laberinto, sin puertas ni muros
pero con tantos corredizos, y tan diversos,
que a uno le seducen, y abrazándole, le sonríen
y le arrastran.
En esta eterna aporía,
de la razón y el corazón,
que a tantos les dió que escribir,
que pensar, y que no es más que un conflicto
entre lo que somos y lo que creemos ser.
Sin solución, y sin rumbo,
con el norte al otro lado del mundo,
y el sur como válvula de escape,
yo me pregunto
¿ acaso esta es mi naturaleza ?
En suspenso, funámbulista del ser
haciendo apología del estar
pues finalmente, la esencia se desvanece
con mayor intensidad en la vida
que en la muerte.
